Una de las características fundamentales de las «oraciones coordinadas» es su independencia, su autonomía. Dos o más «oraciones coordinadas», dentro de una «oración compuesta», son, cada una, independientes, es decir, tienen un sentido propio, perfectamente comprensible aunque se las lea u oiga aisladamente, sin relación con las demás. En cambio, la «oración subordinada» se caracteriza, entre otras cosas, porque es una oración dependiente de otra, a la que se conoce como «oración subordinante» o «principal». La «oración subordinada» forma parte de la «oración principal», es uno de sus elementos sintácticos o estructurales. Por ello no captamos su sentido si la leemos o escuchamos aisladamente, porque tal sentido depende de su relación sintáctica con la principal. Si decimos, por ejemplo, «El hombre que vino ayer volvió esta mañana» tenemos una oración compuesta, formada por una principal y una subordinada. La principal es «El hombre volvió esta mañana», la subordinada es «que vino ayer». En este caso la subordinada es complemento especificativo del sujeto, «hombre», de la oración principal. Por ello, si leemos u oímos esta oración subordinada, «que vino ayer», aislada de la principal, sin conocer esta de antemano, no entenderemos su sentido.
Según el oficio que desempeñen en la «oración principal» las subordinadas pueden ser de varias clases. Son «sustantivas» si el oficio que desempeñan es uno de las oficios propios del sustantivo; son «adjetivas» si ese oficio es uno de los que corresponden al adjetivo. Son «subordinadas circunstanciales» si el oficio que hacen es el de complemento circunstancial de la oración principal.
Frecuentemente la «oración subordinada sustantiva» hace oficio de sujeto de la «oración principal», que es uno de los oficios propios y exclusivos del sustantivo. En estos casos la «oración subordinada sustantiva» va encabezada por la partícula «que», a la cual se conoce como «que anunciativo»: «Que haya que devaluar la moneda es muy probable». Aquí tenemos una oración principal, «es muy probable», cuyo sujeto es la oración subordinada «Que haya que devaluar la moneda».
Lo mismo ocurre en este otro ejemplo: «No es conveniente que se importe más de lo necesario». Aquí la oración principal es «No es conveniente», y su sujeto es la oración subordinada «que se importe más de lo necesario».

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